la economía del siglo XXI

Acabo de leer este artículo de El País y aunque breve me ha resultado realmente interesante. Está claro que el mundo civilizado hace tiempo que superó las necesidades calóricas de sus individuos; producimos toda la comida que necesitamos. A la espera de que la singularidad tecnológica acabe por completo con la necesidad de trabajar (las máquinas lo harán todo mucho mejor) la gran duda que se plantean los economistas es cómo alentar un crecimiento equitativo.

Bien, mi duda, o el debate que quiero abrir aquí, no es exactamente en esta linea pero me ha inspirado ver que sólo el 2% de la fuerza de trabajo da el soporte vital necesario. Parece increíble! Entonces, seguro que para que todas las personas del planeta vivan bien es necesario que nosotros, los que ahora somos afortunados, vivamos peor. Estos datos me llevan a pensar que no. Cuando se habla de distribuir la riqueza creo que se parte de que la premisa de que la riqueza total debe ser constate. Por tanto, si queremos que unos sean más ricos, los que ahora lo son, tendrán que dejar de serlo. Sin embargo, viendo estas cifras parece que una parte muy pequeña de la población es capaz de crear mucha nueva (y vital) riqueza. Entonces, cuales deberían ser los cauces globales para conseguirlo? Quién debería liderar la estrategia, los que viven bien o los que viven mal?

No sé, quizás haya una insostenibilidad ecológica en todo eso y sea imposible incrementar tanto la riqueza global como para que todo el planeta viva, al menos, tan bien como vivimos nosotros.

4 comentarios en “la economía del siglo XXI

  1. Al leer el artículo tengo la sensación de que los economistas se dedican ahora a la filosofía utópica. Las élites que, bien sea por méritos, deméritos o herencia, toman las decisiones que gobiernan el mundo desde luego no tienen el crecimiento equitativo como preocupación ni objetivo.

    ¿Sería posible que todo el mundo viviera al mismo nivel que nosotros? Es posible, pero no va a ocurrir. Igual que las finanzas y las empresas son negocios globales, necesitaríamos sindicatos globales que convocasen huelgas globales. Necesitaríamos sentirnos todos una sola masa humana, y luchar por nuestros derechos iguales en todo el planeta.

    Y llegados a este punto es donde sí estoy de acuerdo con el debate que plantea sobre la manipulación. La mejor manera de que no se llegue a ese escenario de seres humanos globales es manipulándonos para fomentar nuestro egoísmo, dividirnos, adormecer nuestra voluntad y nuestra capacidad crítica.

    No esperemos que nadie luche contra esa manipulación. Hay que poner carne en el asador y apoyar pública y económicamente a causas como Amnistía Internacional, ACNUR, Cruz Roja, Medicos Sin Fronteras, WWF, Greenpeace…

    Hoy no tengo el día optimista 🙂

  2. Yo creo que también depende mucho de las expectativas, la educación y de que los conceptos ‘riqueza’ y ‘pobreza’ son comparativos y no absolutos.

    Hoy, la clase media de un pais desarrollado vivimos mejor que las clases altas del renacimiento y el barroco: tanto en seguridad alimentaria (cantidad, calidad y variedad de alimentos y agua), seguridad de refugio (calefacción, agua caliente, aire acondicionado), salud (prevención y cura de enfermedades) y seguridad (esperanza de vida, riesgo de muerte prematura, guerras, etc.). En cambio, ellos eran ricos, y nosotros no.

    El problema está en definir los mínimos que cubran necesidades básicas. Sin embargo estos dependen de las expectativas y la educación. Nosotros no concebimos vivir en una casa sin calefacción ni agua corriente (ni parquet, ni televisión, etc.), pero eso es algo que otras culturas consideran superfluo, pero consideran imprescindible saber cómo distinguir la calidad de los productos que se compran (tejidos, alimentos, etc.), algo que nosotros ya no somos capaces de hacer (tienen los ultimos vaqueros que compraste costura doble o sencilla?). De la misma manera, nuestros ricos han vivido siempre rodeados de Louis Vuitton, domótica, colegios privados y servicio doméstico, y la mayoría de ellos no alberga la opción de no tenerlo, porque siempre han estado allí. Eso es algo que le reprochamos a nuestros políticos: que los dirigentes que normalmente vienen de las clases altas no saben como viven sus clases bajas. ¿Sus clases bajas? Nuestras clases bajas no tienen ni idea de como se vive en la China rural o en el centro de Borneo. Es cuestión de expectativa y educación.

    Por eso creo que más que la palabra más importante es sostenibilidad. La principal prioridad es niveles mínimos de seguridad alimenticia, refugio, salud y protección. Esto también se puede mover arriba y abajo, pero con los recursos que ofrece el planeta es suficiente. Luego ya hablamos de comodidades. Ahora tenemos muchas, y nos hemos creado necesidades superfluas (viajes, marcas, hobbies, etc) que requiren altos grados de manufactura y servicios, por lo que tenemos que seguir trabajando 8 horas para poder pagarlos. Otros son pura especulación de productos de primera necesidad (precio de alimentos, de vivienda, etc), y ahí si que creo que hay que intervenir un poco más.

    No me alargo más, porque no tengo ninguna conclusión en concreto, pero para llevar la igualdad a nivel global, primero hay que pensar qué es la igualdad, cuáles son las expectativas de cada persona y qué nivel de igualdad es el adecuado: sostenibilidad.

  3. ¡Cómo barres para casa con eso de la sostenibilidad! 🙂

    Estoy de acuerdo en que habría que acordar primero en qué nivel nos gustaría a todos vivir, para calcular a partir de ahí si hay recursos suficientes.

    En cualquier caso el reparto justo de los recursos es una utopía tan lejana…

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