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La industria de los alimentos

La última charla de la Escuela Social versó sobre la industria de los alimentos. La verdad es que fue de las más interesantes a las que yo he asistido, porque aprendimos un montón de cosas útiles para la vida diaria. Voy a poner aquí lo que me pareció más interesante. Algunas cosas ya las conoceréis, pero igual otras os son útiles.

 

Normativa y control

Demos gracias a estar en la Unión Europea, porque nuestra legislación es penosa. Baste un ejemplo revelador. Las conservas se clasifican en la industria según su pH. Esto es así porque la cantidad de tratamientos y controles que debe llevar un producto son mayores cuanto menos ácido es, y son menos necesarios si el producto es muy ácido.

Si por ejemplo se fabrica mermelada, ésta es bastante ácida y no necesita los tratamientos ni controles que necesita por ejemplo un cocido en conserva. De modo que la empresa que haga el cocido necesitará cumplir más requisitos y tratar sus productos de manera más fuerte que la que hace la mermelada.

En las regulaciones internacionales la clasificación de las conservas se hace según su pH. En la normativa española la clasificación se hace según sean: verdura, fruta, carne, pescado… Lo lógico es que una carne en escabeche, al ser más ácida, lleve menos tratamientos que un cocido, pero a nuestra normativa le da igual… Imaginaos el resto.

Aparte de las normativas legales están las certificaciones de calidad. Como si meten la pata y envenenan a alguien se les cae el pelo, la industria ha desarrollado una serie de certificaciones que les permite asegurar ante un juez que hacen “todo lo posible”. Los ingleses crearon una normativa muy exigente, los franceses la rebajaron un poco (los alemanes se unieron a los franceses)… y luego está la ISO 22000, que es la risa de las certificaciones. Prácticamente con no tener ratas corriendo por la fábrica el día que vienen los auditores te la dan.

Pues bien, Nestlé y Danone ya gastan mucho en publicidad y no les hace falta pasar nada más que la ISO 22000. Se la suda todo y como venden lo mismo pues a ellos no les audita ni Blas. Para que os fiéis de las grandes marcas.

 

La etiqueta

Las empresas, pese a pasar certificaciones y cumplir normativas, intentan colárnosla por todos los medios. Y cuanto más nombre peor. A saber:

  • Los ingredientes están siempre de mayor a menor proporción en el producto. No es lo mismo “verdura (25%), agua, …” que “agua, verdura (25%), …”.
  • Deberíamos comprobar la presencia innecesaria de azúcares y grasas saturadas, que son muy perjudiciales en exceso.
  • No todo lo que hay en la zona de frío necesita frío. Lo usan para hacernos pensar que el producto es más fresco, pero hay que leer la etiqueta para ver si es necesario guardarlo refrigerado.
  • Las empresas usan en ocasiones conservantes peligrosos (sulfitos) que están permitidos en baja concentración. Pero una cosa es que los usen en productos muy perecederos (como el pescado) y otra que lo hagan sólo para bajar sus costes (como en las galletas de desayuno).
  • Especial cuidado con los alimentos para niños. Dosis más pequeñas de cosas perjudiciales les afectan más, y además estarán durante más años consumiéndolas si no les educamos.

 

 

Algunos productos llamativos

El aceite de oliva sólo es jugo de oliva si compramos el “virgen extra”. Si no es un refinado de los huesos y los pellejos que quedan, insípido e incoloro, que se trata químicamente para que lo podamos tomar.

El yogur es una fórmula milenaria de leche con dos micro-organismos que la fermentan. No hay más. Podemos pagar cuatro veces más por un Activia si nos gusta más el sabor, pero no tiene ninguna propiedad mejor que un yogur natural de cualquier otra marca.

Eso sí, Pascual ganó una dura batalla legal para poder poner “yogur” a productos muy tratados para aguantar más sin estropearse. Estos productos ya no llevan los micro-organismos beneficiosos y por lo tanto están “muertos”, pero un juez les dio permiso y ahora hay que andar con cuidado con lo que compramos.

La leche UHT que compramos habitualmente en caja es un caso parecido. Lleva unos tratamientos tan bestiales que nos cargamos la mayor parte de sus propiedades beneficiosas. No es mala, pero no es la mitad de buena que debería ser. Tendríamos que comprar leche fresca, que sí tiene esos nutrientes, aunque es cierto que es un poco engorro.

El metabisulfito sódico es un conservante cancerígeno. Se permite usar en muy bajas proporciones porque es la única manera de comer pescado para mucha gente, pero las empresas abusan. Cuidado con las galletas del desayuno, en las que muchos fabricantes está echando para abaratar la harina comprando en cantidades brutales y conservándola con estos sulfitos.

 

 

Espero que os haya sido útil 😉